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El poeta colombiano Guillermo Tovar Torres es desde hace mucho tiempo amigo de las Musas; lo aman profundamente y lo invitan a salir a tomar con ellas, a veces, un café matutino, otras, a disfrutar de un cholado vespertino, mientras le van susurrando al oído que él, como poeta, no debe dejar caer en el olvido la memoria de su patria, ya que es el recolector de recuerdos y es quien tiene que derrotar la indiferencia para rescatar la verdad.
 
Calíope a lo largo de estas conversaciones hizo hincapié en que el poeta debería estar siempre preocupado por dar un “toque humano” a sus versos, por dar un mensaje que se pueda sentir de inmediato; que el poeta debería prescindir de la dicción elevada y describir al mundo tal como es, con la mayor fidelidad, agregando sentido a lo que no tiene, pero sin nada de encriptamientos, ya que los tiempos que está atravesando la humanidad son demasiado complejos, y la poesía no podía ser aún más compleja. 
 
El poeta Guillermo hizo caso a la Musa y tuvo en cuenta su sugerencia a lo largo de su poesía. Leyendo a Guillermo Tovar Torres, nos damos cuenta que sus versos están muy cerca de lo humano, muy cerca del ser humano, sea él de América del Sur, de Colombia, de Europa, de Grecia, que, aunque lejana en términos geográficos, es muy cercana a la libertad, a este sentimiento que hace hervir las vísceras del hombre, venga de donde venga. Hellas-Grecia, la tierra del sol y de la libertad, como lo revela su propio nombre, vino a enseñar al hombre cómo hacerse libre e inmortal; enseñó al mundo que solamente hombres de almas libres pueden liberar a pueblos subyugados. Nosotros, gente de hoy, creemos que somos libres porque nunca dimos un paso más allá del círculo que ata nuestras propias cadenas. La libertad que clama el poeta en sus versos, se debe saborear en todas partes, y sin ella, según el poeta, no habría razón de un sueño.


 El poeta emprende el viaje detrás de sus versos buscando la voz de sus ancestros. Recorre los senderos negros de América y Colombia y visita sus huesos negros que sueñan con la luz, y aunque siente el dolor de sus pies y el peso de sus años, él sigue caminando; quiere derrumbar los muros inmensos de piedra que hay en el camino, quiere despertar las piedras porque sabe que en su sangre corre la memoria de todo un continente, y el poeta quiere que se la cuenten.

Guillermo Tovar Torres no quiere repetir esta vida donde los zapatos de marca son más valiosos que los pies, y donde las nalgas son más importantes que el alma. El poeta preferiría ser más bien alma vagabunda sin rostro y sin nombre, preferiría vivir eternamente muerto, comiendo luz y bebiendo tiempo. No quiere repetir más la apariencia, ni tener boca que no es palabra ni beso, ni tener manos que son más puño que caricia, ni tener pies que aplastan en lugar de abrir trochas y caminos; el poeta no quiere ser ojos que vigilan sin contemplar la vida.
 
Guillermo en su camino va buscando al dios que será capaz de hablar a las naciones con un lenguaje diáfano, con palabras transparentes, a un dios más humano, a un dios dispuesto a llevar trozos de pan en los bolsillos y sorbos de agua entre las manos, dispuesto a dar amor hasta a quienes no se lo merecen.
 
El poeta sigue su viaje, pero avanza con menos equipaje; ya no le preocupan más sus bolsillos vacíos; ya no necesita riquezas que alguna vez buscó con ansias. En sus alforjas quiere llevar apenas el amor y la poesía, las únicas capaces de transformar las conciencias y acercar a los pueblos, las únicas capaces de abrazar la luz y derrotar las sombras.


Es hora de morir por las palabras, declara el poeta Guillermo Tovar Torres, es hora que las palabras empiecen a flamear como banderas en lo más alto de los hombres. Es hora de morir por la verdad cueste lo que cueste; ya se sabe que guardar silencio por miedo, fue el estimulante más potente que animó al verdugo a levantar su látigo aún más alto para golpear con más fuerza en los tallos y los trozos fértiles del alma. Finalmente, el poeta, tras macerar democracias podridas, triturar con sus dientes el olvido, cocinar versos heridos y sazonar el hambre artificial del mundo en su cocina, sirve su vida en sus poemas, que se resumen en una taza pequeña de café, con pan de piedra.

Georgia Kaltsidou
Embajadora del Helenismo

 

Contactor con el autor:

 

Guillermo Tovar Torres
Correo electrónico:

gtguillermotovar@gmail.com
Cel.: +57 3175452940

 

 

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